Ilusión e Inteligencia, Discusión con Budistas.
Varanasi - 13 de Noviembre de 1978
Rimpoche: Señor, cuando el observador observa, es la matriz del pensamiento y de la memoria. En la medida en que el observador observa desde esa matriz, no le resulta posible ver sin nombrar, ya que el nombrar surge de esa matriz. ¿Cómo podrá el observador liberarse de dicha matriz?
J. Krishnamurti: Quisiera saber si vamos a analizar este punto como un problema teórico, como una abstracción o si, por el contrario, lo vamos a encarar de forma directa, sin teorías.
Jagannath Upadhyaya: Este problema se encuentra directamente vinculado a nuestra vida diaria.
J. Krishnamurti: Señor, ¿quién es el observador? Damos por sentado que el observador nace de esa matriz o que él es la matriz. ¿O el observador es el movimiento global del pasado? ¿Es esto un hecho para nosotros o sólo una idea? ¿Se da cuenta el observador de que es el movimiento total del pasado y de que mientras esté observando, aquello que es observado jamás podrá ser exacto? Creo que éste es un punto importante. ¿Puede el observador, que no es más que el movimiento total del pasado, con todos sus condicionamientos, viejos y nuevos, darse cuenta de que está siendo condicionado?
Achyut Patwardhan: El observador, cuando mira un hecho, lo hace con todos sus viejos condicionamientos, samskar. Por tal motivo, no puede ver el hecho tal como es.
Jagannath Upadhyaya: ¿Podemos aceptar esto?
J. Krishnamurti: ¿Nos encontramos todos en el mismo punto de Rimpocheji cuando hace esta pregunta? El observador está hecho de pasado y, en la medida en que se encuentra enraizado en ese pasado, ¿es capaz de ver la verdad de un hecho? Si no se da cuenta de que es un observador condicionado, se produciré una contradicción entre él y lo observado, y la contradicción significa división.
Achyut Patwardhan: En la medida en que no vea esto claramente, habrá conflicto en el acto de ver.
J. Krishnamurti: Señor, surge entonces la pregunta: ¿es posible para el observador comprenderse a sí mismo, descubrir sus limitaciones y condicionamientos y, de esta manera, no interferir en la observación?
Rev. Rimpoche: Ese es el problema básico. Siempre que intentamos observar, el observador está interfiriendo en la observación Quisiera saber si hay un método para poner fin a ese «yo» que está interfiriendo.
J. Krishnamurti: El observador es la práctica, el sistema, el método. Debido a que es el resultado de todas las prácticas pasadas, de todos los métodos, experiencias, conocimientos, rutinas y procesos mecánicos de repetición, él es el pasado. Por consiguiente, si usted introduce un nuevo sistema, método o práctica, eso se hallará también en el mismo campo.
Rev. Rimpoche: ¿Qué puede hacerse entonces?
J. Krishnamurti: Estamos llegando a ese punto. Pero veamos, primero, qué estamos haciendo. Si aceptamos un método a un sistema, su práctica hará más mecánico al observador. Cualquier sistema servirá tan sólo para reforzar al observador.
Jagannath Upadhyaya: Entonces estamos en un punto muerto.
J. Krishnamurti: No, al contrario. Por eso pregunto si el observador se da cuenta de que él es el resultado de toda experiencia, del pasado y el presente. En esa experiencia se incluyen métodos, sistemas, prácticas y las diversas formas de sadhana. Y usted pregunta ahora si todavía existen nuevos sistemas, métodos y prácticas, lo que demuestra que continúa en la misma dirección.
Jagannath Upadhyaya: Creo que no solamente es posible rechazar por completo el pasado, sino también el presente. El pasado puede ser anulado mediante la observación, pero la fuerza del presente no desaparecerá a menos que el pasado sea anulado. Uno siempre está relacionado con el momento presente.
Achyut Patwardhan: En realidad, presente y pasado no son más que uno, no se hallan separados.
Jagannath Upadhyaya: Por tanto deberíamos anular el presente. Cuando esto suceda quedarán eliminadas las raíces del pasado.
Achyut Patwardhan: ¿Entiende usted por presente, este momento presente de observación?
J. Krishnamurti: Este momento presente en observación es la observación de todo el movimiento del pasado. ¿Cuál es la acción necesaria que pone fin a ese movimiento? ¿Es ésa la pregunta?
Jagannath Upadhyaya: Lo que yo estoy diciendo es que el pasado se apoya en este momento, y también en él es donde construimos el edificio del futuro. Por tanto, para liberarse tanto del pasado como del futuro, es necesario romper el momento en el presente, a fin de que el pasado no tenga sitio en donde apoyarse, ni el futuro posea un punto desde el cual se proyecte. ¿Es esto posible?
J. Krishnamurti: ¿Puede terminar ese movimiento del pasado que genera el presente, que se va modificando a medida que se mueve, y que se convierte en el futuro?
Jagannath Upadhyaya: Mediante el proceso de observación negamos el pasado. Al hacerlo, también negamos el presente; y dejamos de construir el futuro que se basa en los deseos creados por el pasado. Sólo permanece la observación. Pero incluso ese momento de observación es un momento. A menos que lo rompamos no seremos libres de la posibilidad del surgimiento del pasado y de la creación de futuro. Por tanto es necesario que el momento presente, el momento de la observación sea roto.
J. Krishnamurti: ¿Está usted diciendo, señor, que en el estado de atención presente, en el ahora, concluye el pasado, pero que esa misma observación, que da fin al pasado, tiene sus propias raíces?
Jagannath Upadhyaya: No digo eso. Yo no acepto el hecho de que el pasado genere el presente y éste a su vez el futuro. En el proceso de observación, tanto la historia del pasado como la del futuro quedan disueltas. Pero el problema es que dichas historias confluyen en este momento. A menos que este momento sea negado, tanto el pasado como el futuro actuarán de nuevo. Para simplificar, quisiera denominar «existencia» al momento «en que se está». Se tiene, pues, que romper dicho momento y, consecuentemente, habrá que romper también todas las demás tendencias ya sea que reflejen el pasado o proyecten el futuro. ¿Es eso posible?
J. Krishnamurti: Esta pregunta tiene para usted una importancia capital y quiero comprenderla bien antes de contestarla. Voy a formularla sin darle contestación: El pasado es movimiento, que queda detenido con la atención. ¿Al dar por concluido el pasado, puede desaparecer ese segundo, ese momento, ese acontecimiento mismo?
Jagannath Upadhyaya: Me gustaría clarificar todavía más: este momento, es un momento «existente».
J. Krishnamurti: En cuanto usted utiliza la palabra «existencia», ésta tiene una connotación. Debemos ver esto muy cuidadosamente.
Pupul Jayakar: No es estable.
Jagannath Upadhyaya: Me gustaría denominar este momento como kshana bindu, el momento del tiempo. La «Condición» de ese momento, su «esencia» ha de ser rota. ¿Es eso posible? En el movimiento de la observación no existe el pasado ni la posibilidad del futuro. Yo ni siquiera le llamaría momento de observación, porque carece de todo poder de existencia. Cuando no existe pasado o futuro, tampoco puede haber presente.
J. Krishnamurti: ¿Puedo hacer la pregunta de otra manera? Soy el resultado del pasado. El «yo» es la acumulación de recuerdos, experiencia y conocimiento, lo cual es pasado. El «yo» es siempre activo, es un continuo impulso. Y ese impulso es tiempo. Por ello, cuando este impulso, como un «yo», se enfrenta al presente, sufre una modificación, pero continúa siendo «yo» y se proyecta en el futuro. Este es el movimiento de nuestra existencia diaria. Y lo que usted pregunta es, ¿puede ese movimiento, que es el «yo», el centro, cesar y abolir el futuro? ¿Es así, señor?
Jagannath Upadhyaya: Sí.
J. Krishnamurti: Y mi pregunta es: ¿puede el «yo», que es conciencia, reconocerse como movimiento del pasado; o es el pensamiento el que lo impone como una idea, que es el pasado?
Jagannath Upadhyaya: ¿Puede repetir la pregunta?
J. Krishnamurti: Yo, mi ego, el centro desde el cual opero, esta entidad autocentrada tiene miles, millones de años. Constituye la presión constante del pasado, los resultados acumulados del pasado. La codicia, la envidia, el sufrimiento, la ansiedad, los miedos, la agonía, todo eso es el «yo». ¿Es ese «yo» una manifestación verbal, una conclusión de palabras, o por el contrario es un hecho, como lo es este micrófono?
Jagannath Upadhyaya: Sí, es así; aunque no de forma absoluta; no es algo autoevidente.
Achyut Patwardhan: ¿Por qué? ¿De qué depende?
Jagannath Upadhyaya: Cuando digo que es así, lo afirmo solamente en términos de pasado o de futuro. Sin embargo, no es lo uno ni lo otro. Por tanto no lo acepto como una verdad trascendental. Sólo lo puedo admitir en el plano de la realidad cotidiana.
Achyut Patwardhan: Pero usted está diciendo que es el creador del contexto.
Jagannath Upadhyaya: El «yo» es una creación del pasado. ¿Cuál es su significado? El «yo» es la historia del pasado.
J. Krishnamurti: Que constituye la historia del hombre que se ha afanado, que ha luchado, sufrido, que tiene miedo, que vive en el dolor y todo lo demás.
P. Y. Deshpande: Es la historia del universo, no la del «yo».
J. Krishnamurti: Es el «yo». No pretendamos creer que es la del universo.
Jagannath Upadhyaya: El «yo» es historia, que puede ser rota mediante la observación.
Achyut Patwardhan: Él dice que estos hechos no se encuentran relacionados con el centro como observador.
J. Krishnamurti: La existencia carece de autoexistencia. Es una declaración descriptiva al observar, no es un hecho.
Jagannath Upadhyaya: Es historia, nada tiene que ver con la observación.
Pupul Jayakar: Él dice: «yo soy esto, yo soy aquello, soy historia». Es una declaración descriptiva. El observar, no tiene existencia.
J. Krishnamurti: Vayamos con calma. El «yo» es el movimiento del pasado, la historia de la humanidad, la historia del hombre. Y tal historia es el «yo». Se expresa a sí mismo siempre en mi relación con los otros. Por tanto, en las relaciones con mi mujer, mi marido, mis hijos o amigos están operando el pasado con sus imágenes; por eso está dividiendo mi relación con los demás.
Jagannath Upadhyaya: Eso sucede mientras no haya atención. Con la atención el momento quedará roto y con él todas las relaciones.
P. Y. Deshpande: En el momento de atención todo queda disuelto.
J. Krishnamurti: Usted está diciendo que en ese punto de atención todo desaparece. Pero, ¿desaparece también en la relación con mi esposa?
Jagannath Upadhyaya: No. Esa no es mi experiencia. Yo no tengo historia no he creado ninguna historia. La historia es independiente del «yo».
Achyut Patwardhan: Él dice que es producto de la historia y que ha aceptado esa identidad.
J. Krishnamurti: Pero si usted es producto de la historia, es también el resultado del pasado; y ese pasado interfiere en su relación con los demás. Y mi relación con los otros produce conflicto. Por tanto, mi pregunta es: ¿puede ponerse fin a ese conflicto ahora?
Jagannath Upadhyaya: Sí. Finalizará porque se ha roto el momento.
Pupul Jayakar: Concluirá en el instante de atención y con él se dará fin a la totalidad del pasado.
Radha Burnier: Eso es absolutamente teórico.
Jagannath Upadhyaya: Estoy hablando desde la experiencia. La atención es una experiencia, una experiencia especial que niega el pasado.
Achyut Patwardhan: La atención no puede ser una experiencia, porque entonces sería algo imaginario. Es parte del pasado porque existe un observador separado de lo observado y, de esta manera no hay atención.
J. Krishnamurti: Esta es la razón por la que, en un principio, hice la pregunta de si estamos discutiendo teorías o hechos cotidianos.
Rimpocheji, creo que su pregunta inicial consistía en saber si esa historia, ese movimiento pasado que está continuamente presionando nuestras mentes, nuestros cerebros y relaciones, puede concluir de manera que no impida la pura observación. El sufrimiento, el miedo, el placer, el dolor y la ansiedad que constituyen la historia humana, ¿pueden concluir en este instante, de manera que el pasado no interfiera o impida la observación pura?
Rev. Rimpoche: Sí, ésa fue la pregunta inicial.
J. Krishnamurti: Usted preguntó, si entendí correctamente, ¿existe una forma de meditación, un método o sistema que haga concluir el pasado?
Rev. Rimpoche: Siempre que tratamos de observar el pasado, éste interviene. En ese momento, la observación se convierte en algo inútil. Esto es lo que mi propia experiencia me dicta.
J. Krishnamurti: Por supuesto, obviamente.
Rev. Rimpoche: Entonces, ¿cómo se puede observar sin que interfiera el observador?
J. Krishnamurti: ¿Cuál es la cualidad o naturaleza del observador? Cuando usted dice que el observador es todo el pasado, ¿es él consciente de sí mismo como pasado?
Rev. Rimpoche: No lo creo.
J. Krishnamurti: No, no es consciente.
Radha Burnier: ¿O quizás lo sea parcialmente?
Rev. Rimpoche: No. En el momento de la observación no es consciente del pasado.
J. Krishnamurti: De momento no estamos observando; nos limitamos a examinar al observador. Nos preguntamos si el observador puede ser consciente de sí mismo.
Rev. Rimpoche: ¿Quiere decir usted en el momento de la observación?
J. Krishnamurti: No, no en ese momento; olvidémonos de la observación. Lo que estoy preguntando es si el observador puede conocerse a sí mismo.
Rev. Rimpoche: Sí. Él puede entender el pasado y también su condicionamiento.
J. Krishnamurti: ¿Puede entender su condicionamiento como lo observaría un extraño, o está alerta de sí mismo como ser condicionado? ¿Ve usted la diferencia, señor?
Rev. Rimpoche: No está claro si la observación hecha por la mente humana es dual o es ella misma. ¿Es dualidad la conciencia de sí mismo?
J. Krishnamurti: No sé nada acerca de dualidad. No quiero utilizar palabras que no comprendemos. Para simplificar la cuestión: ¿puede el pensamiento ser consciente de sí mismo?
Rev. Rimpoche: No.
Radha Burnier: ¿Es eso lo mismo que decir, se puede ser consciente de la envidia, de la ira, etc. como alguien distinto a uno mismo?
J. Krishnamurti: ¿Me doy cuenta de que estoy furioso? ¿Hay conciencia de la ira en el momento en que surge? Por supuesto, la hay. Yo puedo ver el despertar de la envidia. Veo una hermosa alfombra y surge la envidia, surge la codicia de ella. Ahora bien, en ese conocer, ¿es el pensamiento consciente de que hay envidia o la envidia misma es consciente? Soy envidioso y conozco el significado de la palabra «envidia». Conozco la reacción y el sentimiento. ¿Es ese sentimiento la palabra? ¿Es la palabra la que crea el sentimiento? ¿Si la palabra «envidia» no existiera, habría envidia? Por tanto, ¿hay una observación de la envidia, el sentimiento sin la palabra? No lo sabemos exactamente pero, ¿existe algo a lo que posteriormente ponemos nombre?
Pupul Jayakar: ¿El nombrar que crea el sentimiento?
J. Krishnamurti: Eso es lo que estoy diciendo. La palabra se ha convertido en algo más importante. ¿Puede usted liberar la palabra del sentimiento o es esa palabra la que crea el sentimiento? Veo la alfombra. Hay percepción, sensación, contacto y pensamiento, como la imagen de poseerla; y entonces surge el deseo. Y la imagen que ha creado el pensamiento es la palabra. Por lo tanto, ¿es posible observar esa alfombra sin la palabra, lo cual quiere decir que no hay interferencia del pensamiento?
Rev. Rimpoche: Observar una alfombra, un objeto externo... Puede ser visto sin interferencia.
J. Krishnamurti: Entonces, ¿es posible observar sin la palabra, sin el pasado, sin el recuerdo de envidias anteriores?
Rev. Rimpoche: Es difícil.
J. Krishnamurti: Si me permite señalarlo, señor, no se hace difícil. Pero primero, aclaremos lo siguiente: la palabra no es la cosa; la descripción no es lo descrito. Sin embargo, para la mayoría de nosotros la palabra se ha convertido en algo tremendamente importante. Para nosotros, la palabra es pensamiento. Sin palabra, ¿existe «pensamiento», tal y como normalmente se lo entiende? La palabra influye nuestro pensamiento, el lenguaje lo moldea, de manera que nuestro pensamiento existe con la palabra, con el símbolo, con la imagen, etc. Y ahora preguntamos, ¿puede usted observar ese sentimiento que hemos verbalizado como envidia, sin la palabra, lo que significa sin el recuerdo de pasadas envidias?
Rev. Rimpoche: Ese es el punto que no vemos. Tan pronto como comienza la observación, el pasado, como pensamiento, interfiere siempre. ¿Podemos observar sin la interferencia del pensamiento?
J. Krishnamurti: Yo digo rotundamente que sí.
Jagannath Upadhyaya: La clave consiste en ver que el caminante no es diferente del caminar. El mismo caminar es el caminante.
J. Krishnamurti: ¿Es una teoría?
Jagannath Upadhyaya: No, no lo es. De otra manera no sería posible mantener: un diálogo.
J. Krishnamurti: ¿Es eso así en la vida cotidiana?
Jagannath Upadhyaya: Sí. Cuando nos sentamos aquí es sólo en ese nivel de relación. Estamos aquí para ver el hecho de lo «que es». Separamos al actor de su acción. Entonces, se convierte en historia. Cuando comprendamos que, a través de la observación, el actor y su acción son uno, entonces habremos roto la historia, que es pasado.
Achyut Patwardhan: ¿Tenemos definitivamente claro que no existe distinción entre la relación y el hecho de relacionarse?
Jagannath Upadhyaya: Lo aclararé. Hay un carro que está cargado, ¿en dónde se apoya y descansa toda la carga que contiene? Descansa sobre aquel punto de la rueda que hace contacto con el suelo. Es sobre ese punto preciso sobre el que se apoya toda la carga. La vida es un punto en el que se apoya la historia como pasado y futuro. Cuando mantengo ese momento presente existente en el campo de la observación, se rompe. Por lo tanto, el carro y su carga se rompen.
Achyut Patwardhan: Cuando usted dice que se rompen, ¿es esa atención una experiencia suya? Si lo que dice es un hecho, la pregunta que hizo Rimpoche debería quedar contestada. Si no ha sido contestada, cuanto se ha dicho es teoría.
Rev. Rimpoche: Eso no responde a mi pregunta.
J. Krishnamurti: Señor, su pregunta primera fue: ¿puede el pasado concluir? Es una pregunta muy sencilla porque toda nuestra vida es el pasado. Es la historia de toda la humanidad, la dimensión inmensa, la profundidad, el volumen del pasado. Y estamos haciéndonos una pregunta muy simple y, a la vez, muy compleja: ¿Puede esa vasta historia, cuyo caudal recuerda al de un inmenso y caudaloso río, finalizar? Ante todo, ¿reconocemos su inmenso volumen, no las palabras, sino su volumen real? O, por el contrario, es simplemente la teoría de que todo eso constituye el pasado. ¿Comprende mi pregunta, señor? ¿Reconoce uno el gran peso del pasado? Surge entonces la pregunta, ¿cuál es el valor de ese pasado? Es decir, ¿cuál es el valor del conocimiento?
Rev. Rimpoche: Es el punto de realización.
Achyut Patwardhan: La realización real es imposible porque en ese punto interviene el pensamiento.
J. Krishnamurti: No hay realización por la interferencia del pensamiento. Pero, ¿por qué? ¿Por qué debería interferir el pensamiento cuando usted me pregunta: qué lugar tiene el conocimiento en mi vida?
Rev. Rimpoche: Puede tener su propia utilidad.
J. Krishnamurti: Sí, el conocimiento tiene su lugar limitado, pero psicológicamente no lo tiene. ¿Por qué el conocimiento, el pasado, ha de apoderarse del otro campo?
Pupul Jayakar: ¿Qué es lo que usted busca, señor, con esa pregunta? Pregunto esto porque la recepción de esta pregunta se encuentra también en el campo del conocimiento.
J. Krishnamurti: No. Es la razón por la que le estoy preguntando algo muy sencillo: ¿Por qué ha de intervenir el conocimiento en mi relación con otro? ¿Es la relación con otro un recuerdo? Recuerdo significa conocimiento. Mi relación con ella o con usted se convierte en recuerdo cuando, por ejemplo, pienso «usted me ha herido», «ella me ha elogiado»; por lo tanto, «ella es mi amiga», «usted no lo es». Cuando la relación se basa en la memoria, en el recuerdo, existe división y conflicto. Por tanto, no hay amor. ¿Cómo puede ponerse fin en la relación a esa memoria, a ese recuerdo que impide el amor?
Achyut Patwardhan: La pregunta original, con la que iniciamos la conversación, ha desembocado en una nueva pregunta.
J. Krishnamurti: Yo la formulo ahora: ¿Cuál es la función del cerebro?
Rev. Rimpoche: Almacenar recuerdos.
J. Krishnamurti: ¿Y eso qué significa? Registrar como un grabador. ¿Por qué debe grabar lo que no es estrictamente necesario? Yo tengo que recordar donde vivo o cómo he de conducir un automóvil. Debe quedar grabado lo que tiene una utilidad; pero ¿por qué debe registrar también el que ella me insulte o usted me alabe? Es ese registro el que constituye la historia del pasado: el halago, el insulto. Pregunto, ¿puede eso detenerse?
Rev. Rimpoche: Si estoy pensando, es muy difícil...
J. Krishnamurti: Voy a mostrarle que no lo es.
Rev. Rimpoche: Señor, usted pregunta por qué no se registra solamente lo que es necesario; pero el cerebro no sabe lo que es necesario. Ese es el motivo de que lo registre todo.
J. Krishnamurti: No, no.
Rev. Rimpoche: El registrar es involuntario.
J. Krishnamurti: Por supuesto.
Rev. Rimpoche: Entonces, ¿cómo podemos hacerlo sólo con lo que es necesario?
J. Krishnamurti: ¿Por qué se ha convertido en algo involuntario? ¿Cuál es la naturaleza del cerebro? Necesita seguridad -seguridad física- pues de otro modo no puede funcionar. Ha de tener alimento, ropa y cobijo. ¿Existe acaso otra forma de seguridad? Sin embargo, el pensamiento ha inventado otras: soy hindú y tengo mis propios dioses. El pensamiento ha creado la ilusión y en ella el cerebro busca refugio, seguridad. Pero ¿se da cuenta el pensamiento de que la creación de esos dioses, etc., es una ilusión y, por tanto, los aparta, de forma que no tenga que ir a una determinada iglesia, ni realizar rituales religiosos, ya que todos son producto del pensamiento, en los cuales el cerebro ha encontrado cierta clase de ilusoria seguridad?
Jagannath Upadhyaya: El momento de autoprotección es también pasado. El romper ese hábito de autoprotección es también un punto, y es en ese punto que descansa toda la existencia. Ese atma que es samskriti ha de ser negado también. Es la única salida.
J. Krishnamurti: Para la supervivencia, la supervivencia física, no sólo la suya y la mía sino la de toda la humanidad, ¿por qué nos dividimos en hindúes y musulmanes, en comunistas, socialistas o católicos?
Rev. Rimpoche: Eso es la creación del pensamiento, que es ilusoria.
J. Krishnamurti: Sin embargo nos agarramos a ella. Usted, se considera hindú, ¿por qué?
Rev. Rimpoche: Es por supervivencia, un reflejo de supervivencia.
J. Krishnamurti: ¿Es supervivencia?
Achyut Patwardhan: No lo es, porque es el enemigo de esa supervivencia.
Pupul Jayakar: A cierto nivel podemos entendernos, pero eso no pone fin al proceso.
J. Krishnamurti: Porque no usamos nuestro cerebro para descubrirlo, para decir que esto es así: tengo que sobrevivir.
Pupul Jayakar: Usted dice que el cerebro es como un grabador que registra. ¿Tiene otras funciones el cerebro, otras cualidades?
J. Krishnamurti: Sí, la inteligencia.
Pupul Jayakar: ¿Cómo se logra despertarla?
J. Krishnamurti: Mire, yo me doy cuenta de que no hay seguridad en el nacionalismo y, por lo tanto, permanezco fuera: ya no sigo siendo indio. Veo que tampoco hay seguridad en el hecho de pertenecer a una determinada religión, y por eso no pertenezco a ninguna. ¿Qué significa eso? Observo cómo las naciones luchan entre sí, las comunidades luchan entre sí, las religiones luchan entre sí, observo esa estupidez y la propia observación despierta la inteligencia. Ver aquello que es falso es el despertar de la inteligencia.
Pupul Jayakar: ¿Qué es ese ver?
J. Krishnamurti: Al observar cómo Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia o Estados Unidos se lanzan las unas contra las otras, veo lo estúpido que es. Ver la estupidez es inteligencia.
Radha Burnier: ¿Quiere decir usted que en la medida que uno ve esto, llega a su fin ese registro innecesario?
J. Krishnamurti: Sí. Ya no sigo siendo un nacionalista. Es una cosa extraordinaria.
Sunanda Patwardhan: ¿Quiere decir usted que en cuanto dejo de ser nacionalista, se detiene todo registro innecesario?
J. Krishnamurti: Sí, en lo que respecta al nacionalismo.
Radha Burnier: ¿Quiere usted decir que cuando uno observa que la seguridad o la supervivencia son absolutamente un mínimo y elimina todo lo demás, cesa el registro?
J. Krishnamurti: Por supuesto, naturalmente.
Jagannath Upadhyaya: Una canción ha concluido y otra se inicia; la nueva ha sido registrada sobre la vieja. Esa música vieja y destructiva queda anulada y la nueva melodía, buena y armoniosa, toma su lugar. ¿Es ése el futuro de la humanidad?
J. Krishnamurti: No, mire, eso es teoría. ¿Ha dejado usted de ser budista?
Jagannath Upadhyaya: No lo sé. El pasado, como historia, ha conformado la imagen en mi cerebro. Mi condición de ser budista es el pasado, un pasado histórico.
J. Krishnamurti: Pues deséchelo; o, lo que es lo mismo, vea la ilusión de ser budista.
Jagannath Upadhyaya: Eso es correcto.
J. Krishnamurti: Ver la ilusión es el inicio de la inteligencia.
Jagannath Upadhyaya: Pero quisiéramos ver que cuando una cosa se destruye, otra no la reemplaza.
J. Krishnamurti: ¿Podemos abordarlo de manera diferente? Nos hallamos rodeados de cosas ilusorias y falsas. ¿Debemos ir observándolas una por una, paso a paso, o, por el contrario, podemos observar esa ilusión en su totalidad y así ponerle fin? ¿Es posible ver el movimiento completo de la ilusión, el movimiento del pensamiento que crea la ilusión, y de esa manera concluirlo?
Jagannath Upadhyaya: Es posible.
J. Krishnamurti: ¿Es eso una teoría? Porque desde el momento en que entremos en teorías, nada tendrá sentido.
Jagannath Upadhyaya: Sólo es posible si podemos romper el proceso de autoprotección. La forma de este proceso puede sufrir una transformación, pero él en sí mismo no habrá concluido. Incluso es una ilusión el creer que algo tiene existencia. Miles de tales ilusiones se destruyen y otras tantas nuevas surgen. Eso no es sadhana, sucede de continuo. Hasta el momento hemos estado hablando de las ilusiones más groseras; ciertamente esas se rompen. Pero una nueva imagen está siempre dándose forma a sí misma, y creando sus propias estructuras mentales.
Achyut Patwardhan: Lo que él dice es que ese proceso de negación da lugar a ilusiones nuevas y más sutiles.
J. Krishnamurti: No. Al ser limitado el pensamiento, todo cuanto él crea -dioses, conocimientos, experiencias, etc.- es limitado. ¿Ve usted la limitación del pensamiento y de su actividad? Si es así, ello termina, no hay más ilusión.
Rev. Rimpoche: Este punto, este pensamiento, vuelve a surgir.
J. Krishnamurti: Por eso he dicho, señor, que el pensamiento tiene que hallar su propio lugar, que es sólo el de lo práctico, sin ocupar ningún otro, pues si ocupa algún otro lugar es una ilusión. El pensamiento no es amor. ¿Existe el amor? Usted está de acuerdo en que el pensamiento es limitado, pero ¿ama usted a la gente? No quiero teorías. ¿Qué es lo fundamental de todo esto? ¿Qué es lo fundamental de todo ese conocimiento suyo, Gita, Upanishads o lo que sea? ¿Lo hemos entendido o seguimos todavía en el nivel de lo verbal?
Rev. Rimpoche: No, no estamos en ese nivel.
J. Krishnamurti: Cuando descubrimos las limitaciones del pensamiento, se produce el florecimiento de algo. ¿Está sucediendo, está teniendo lugar realmente eso?
Rev. Rimpoche: Ahora puedo reconocer de forma más profunda las limitaciones del pensamiento.
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
LA MENTE ES UNA ENFERMEDAD
Esta es una verdad básica que Oriente ha descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma. Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer que esté normalmente enferma.
Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único. Tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Porqué? Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz.
La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra ¿Cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana ¿Cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
La mente es la enfermedad. ¿Cómo se llama esta enfermedad? Su nombre es Aristóteles, o si prefieres que que realmente parezca una enfermedad puedes llamarla «aristotelitis». Así suena totalmente como una enfermedad. ¿Por qué es Aristóteles la enfermedad? Porque dice: «O esto o lo otro. ¡Elige!». Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir.
Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el «a favor» entra, el «en contra» le sigue como una sombra. Cuando aparece el «en contra», el «a favor» aparece también; oculta o abiertamente.
Cuando eliges, divides. Entonces dices: «Esto está bien, esto está mal». Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo «unísono». Es unidad. Si dices: «esto es bonito y esto es feo», la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una línea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello.
El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vida. Es por eso que la mente es obsesión; está siempre fija, es sólida. Y la vida no es tan sólida; es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto.
Alguien era joven en ese momento, y al siguiente se ha hecho viejo. Esos ojos, que eran tan hermosos, han desaparecido; ahora son sólo ruinas. Ese rostro era tan lozano..., y ahora no queda nada, ni siquiera un fantasma. Lo bonito se vuelve feo, la vida se convierte en muerte, y la muerte vuelve a nacer de nuevo.
¿Qué vas a hacer con la vida? No puedes elegir. Si quieres estar con la vida, con la totalidad, tendrás que vivir sin elegir.
La mente es una elección. Aristóteles hizo de ella la base de su lógica y de su filosofía. No puedes encontrar un hombre más distante de Sosan que Aristóteles, porque Sosan dice: «Ni esto ni aquello, no elijas». Sosan dice: «Vive sin elegir». Sosan dice: «¡No hagas distinciones!». Desde el momento en que haces una sola distinción, desde el momento en que la elección aparece, ya estás dividido, fragmentado; has enfermado, no estás entero.
Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único. Tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Porqué? Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz.
La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra ¿Cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana ¿Cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
La mente es la enfermedad. ¿Cómo se llama esta enfermedad? Su nombre es Aristóteles, o si prefieres que que realmente parezca una enfermedad puedes llamarla «aristotelitis». Así suena totalmente como una enfermedad. ¿Por qué es Aristóteles la enfermedad? Porque dice: «O esto o lo otro. ¡Elige!». Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir.
Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el «a favor» entra, el «en contra» le sigue como una sombra. Cuando aparece el «en contra», el «a favor» aparece también; oculta o abiertamente.
Cuando eliges, divides. Entonces dices: «Esto está bien, esto está mal». Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo «unísono». Es unidad. Si dices: «esto es bonito y esto es feo», la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una línea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello.
El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vida. Es por eso que la mente es obsesión; está siempre fija, es sólida. Y la vida no es tan sólida; es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto.
Alguien era joven en ese momento, y al siguiente se ha hecho viejo. Esos ojos, que eran tan hermosos, han desaparecido; ahora son sólo ruinas. Ese rostro era tan lozano..., y ahora no queda nada, ni siquiera un fantasma. Lo bonito se vuelve feo, la vida se convierte en muerte, y la muerte vuelve a nacer de nuevo.
¿Qué vas a hacer con la vida? No puedes elegir. Si quieres estar con la vida, con la totalidad, tendrás que vivir sin elegir.
La mente es una elección. Aristóteles hizo de ella la base de su lógica y de su filosofía. No puedes encontrar un hombre más distante de Sosan que Aristóteles, porque Sosan dice: «Ni esto ni aquello, no elijas». Sosan dice: «Vive sin elegir». Sosan dice: «¡No hagas distinciones!». Desde el momento en que haces una sola distinción, desde el momento en que la elección aparece, ya estás dividido, fragmentado; has enfermado, no estás entero.
SOSAN
Sosan es el tercer patriarca zen. No se sabe mucho sobre él; así es como debe ser, porque la historia sólo registra la violencia. No registra el silencio; no puede. Lo único que registra son los conflictos. Siempre que alguien se queda realmente en silencio desaparece de todos los archivos, ya no forma parte de nuestra locura. Así es como debería ser.
Sosan fue durante toda su vida un monje errante. Nunca se quedó en ningún sitio; siempre de paso, yendo, moviéndose. Era un río; no era un estanque, no era estático. Era un constante movimiento. Eso es lo que Buda quiere decir al llamar errantes a sus monjes: no que sólo deberían vivir sin hogar en el mundo exterior, sino también en el interior, porque siempre que construyes un hogar, te aferras a él. Así, ellos debían permanecer sin echar raíces; no había más hogar para ellos que el Universo entero.
Incluso una vez que su iluminación fue un hecho reconocido, Sosan continuó en su antiguo estilo de vida de vagar mendicante. Y nada en él era especial. Era un hombre ordinario, un hombre del Tao. Una cosa quisiera decir, y tenéis que recordarla: el zen es un cruce de razas. Y al igual que de un injerto salen flores más hermosas y de un cruce de razas nacen niños más hermosos, lo mismo ocurrió con el zen. El zen es un cruce entre el pensamiento de Buda y el de Lao Tse. Es un gran encuentro, el mayor que jamás haya tenido lugar. Por eso el zen es más hermoso que el pensamiento de Buda o que el de Lao Tse. Es un raro florecimiento de las más altas cumbres y del encuentro de esas cumbres. El zen no es ni budista ni taoísta, pero contiene a ambos. La India es un poco demasiado seria acerca de la religión; un pasado largo, un enorme peso sobre la mente de la India, han hecho que la religión se haya vuelto seria. Lao Tse siempre hizo el ridículo; a Lao Tse se le conoce como «el viejo chiflado». No es serio en absoluto; de hecho no puedes encontrar a un hombre menos serio que él. El pensamiento de Buda y el de Lao Tse se encontraron, la India y China se encontraron, y de ahí nació el zen. Y Sosan estaba ahí justo al comienzo, junto a la fuente original, cuando el zen salía del útero. Él lleva consigo lo fundamental.
OSHO El libro de la nada.
Sosan fue durante toda su vida un monje errante. Nunca se quedó en ningún sitio; siempre de paso, yendo, moviéndose. Era un río; no era un estanque, no era estático. Era un constante movimiento. Eso es lo que Buda quiere decir al llamar errantes a sus monjes: no que sólo deberían vivir sin hogar en el mundo exterior, sino también en el interior, porque siempre que construyes un hogar, te aferras a él. Así, ellos debían permanecer sin echar raíces; no había más hogar para ellos que el Universo entero.
Incluso una vez que su iluminación fue un hecho reconocido, Sosan continuó en su antiguo estilo de vida de vagar mendicante. Y nada en él era especial. Era un hombre ordinario, un hombre del Tao. Una cosa quisiera decir, y tenéis que recordarla: el zen es un cruce de razas. Y al igual que de un injerto salen flores más hermosas y de un cruce de razas nacen niños más hermosos, lo mismo ocurrió con el zen. El zen es un cruce entre el pensamiento de Buda y el de Lao Tse. Es un gran encuentro, el mayor que jamás haya tenido lugar. Por eso el zen es más hermoso que el pensamiento de Buda o que el de Lao Tse. Es un raro florecimiento de las más altas cumbres y del encuentro de esas cumbres. El zen no es ni budista ni taoísta, pero contiene a ambos. La India es un poco demasiado seria acerca de la religión; un pasado largo, un enorme peso sobre la mente de la India, han hecho que la religión se haya vuelto seria. Lao Tse siempre hizo el ridículo; a Lao Tse se le conoce como «el viejo chiflado». No es serio en absoluto; de hecho no puedes encontrar a un hombre menos serio que él. El pensamiento de Buda y el de Lao Tse se encontraron, la India y China se encontraron, y de ahí nació el zen. Y Sosan estaba ahí justo al comienzo, junto a la fuente original, cuando el zen salía del útero. Él lleva consigo lo fundamental.
OSHO El libro de la nada.
martes, 15 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
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Perfecta como el espacio inmenso,
[a la Vía] nada le falta, nada le sobra.
[a la Vía] nada le falta, nada le sobra.
Las olas aparecen y desaparecen en la superficie del océano, pero el fondo permanece siempre sereno. Correr detrás de las apariencias es querer atrapar el aire con un cazamariposas. Los cuatro elementos que conforman la vida fenomenal (tierra, aire, agua y fuego) terminan siempre por regresar a su origen -la vacuidad esencial- como los niños retornan a su madre, o como os ríos vuelven al océano. Cuando un yunque de hierro es arrojado al mar, desciende y desciende hasta tocar fondo. Y allí descansa. No más movimiento. De igual forma, cuando nos dejamos caer en el fondo de nosotros mismos podemos encontrar el sentido profundo de nuestra existencia y en él morar en la serenidad del corazón. Nadie puede llegar a ser algo que no es. Nadie puede dejar de ser lo que ya es. No perturbes la serenidad innata de tu corazón persiguiendo quimeras.
No permitas que los movimientos superficiales del oleaje de la vida te alejen del fondo estable y sereno que se haya en lo más profundo de ti mismo. La Vía es perfecta así tal y como es. Nada te falta ni nada te sobra. Ningún esfuerzo humano puede añadir ni un ápice de perfección a lo que es intrínsecamente perfecto, más allá de cualquier concepto de ‘perfección o ’imperfección’. El espacio inmenso se extiende en las diez direcciones más allá de toda medida humana. Nadie puede arrebatarle ni un átomo. Los seres humanos nacemos y morimos, nacemos y morimos, generación tras generación, como champiñones que aparecen una mañana de otoño para desaparecer al anochecer. Las partículas elementales que conforman nuestra materialidad fueron creadas en galaxias alejadas hace millones de años-luz. Nada se crea ni se destruye. Todo se transforma.
La naturaleza luminosa de cada ser brilla más allá del apego y del odio, de la atracción y del rechazo. Las cosas son lo que son, independientemente de que te gusten o te disgusten. En sí mismo, ningún ser es atractivo ni detestable. Es nuestra mente condicionada la que percibe la realidad como atractiva u odiosa, como agradable o desagradable. El budismo llama a esto ignorancia, esto es, percepción errónea. Esta percepción limitada y limitadora vela la verdadera naturaleza de la realidad, ocultando la luz innata, la cualidad singular de cada ser y de cada fenómeno. La percepción polarizada de la realidad oculta la verdadera naturaleza de la realidad. Cuando la polarización cesa, la luz original se manifiesta. La naturaleza luminosa de cada cosa no es agradable ni desagradable, ni atractiva ni odiosa. Es perfecta más allá de los conceptos de perfección y de imperfección. Es pura más allá de los conceptos de pureza y de impureza. Es lo que es más allá de los conceptos de ser y de no ser.
La Vía Suprema es justo la que está bajo tus pies. Es justo lo que está sucediendo tanto dentro como fuera de ti, aquí y ahora tras aquí y ahora. ¿Qué te parece? ¿Fácil o difícil? Aunque etiquetes eso que te está sucediendo como “fácil” o “difícil”, en realidad, no es ni fácil ni difícil. Es tal y como es. ¿Cómo lo sientes? ¿Es agradable o desagradable? Aunque catalogues eso que estás sintiendo como “agradable” o “desagradable”, en verdad, no es ni agradable ni desagradable. Es tal y como es. La Realidad no es la idea que tienes de la Realidad. Al calificarla de fácil o de difícil, de agradable o de desagradable olvidas que la Realidad es lo que es, más allá de tus apreciaciones. Lo agradable suscita atracción. Lo desagradable, rechazo. Corres detrás de lo que consideras atractivo y huyes de lo que concibes como odioso. De esta forma fabricas la red que te aprisiona, como el capullo al gusano.
Comentarios al Canto al Corazón de la Confianza de Taisen Deshimaru. (Xìn Xîn Ming). Jianzhi Sengcan
Comentarios al Canto al Corazón de la Confianza de Taisen Deshimaru. (Xìn Xîn Ming). Jianzhi Sengcan
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Dos mojes zen trataban de avanzar por un camino con barro, anegado por las grandes lluvias, cuando se encontraron con una hermosa muchacha que trataba de cruzar un charco. El mayor de los monjes, un hombre de cierta edad, tomó a la mujer en sus brazos y la dejó del otro lado.Después siguieron caminando. Pero el monje más joven estaba silencioso y cabizbajo. Pasaron muchas horas, muchos árboles y colinas, muchos arroyos y puentes. Ya era casi de noche cuando el muchacho se enfrentó con su maestro. -¡A los monjes no se nos permite tocar a las mujeres! -le enrostró afligido y furioso.-Querido hijo mío - le dijo el monje mayor, sonriendo con dulzura - ¡Qué pesados son tus pensamientos! Yo dejé a esa mujer en el camino hace ya tantas horas. Y tú todavía la llevas encima. (Ana María Shua - El Libro del Ingenio y la Sabiduría)
UNA CONVERSACIÓN CON ROBERT GORDON WASSON
"Alucinación" significa "una mentira". Una alucinación es nada. No me gusta esa palabra. No creo que deba ser utilizada. "Enteógeno" es una palabra mucho mejor. Un comité encabezado por el profesor Carl Ruck, académico de clásica de la Universidad de Boston, inventó esa palabra y todos la adoptamos de forma unánime en lugar de "alucinógeno" para designar aquellas substancias orgánicas reverenciadas por el hombre antiguo por su potencia y por su habilidad para imponer respeto. La Amanita muscaria es el principal estrógeno fúngico, pero el género Psilocybe a menudo tiene propiedades enteogénicas. "Enteógeno" significa simplemente "Dios generado dentro de ti". Entonces "alucinación" significa algo falso, o no real.
ANTONY GARRETT LISI
Una teoría del todo excepcionalmente simple[1] (An Exceptionally Simple Theory of Everything en inglés) es el título de un artículo de física teórica enviado a arXiv library el 6 de noviembre de 2007 por Antony Garrett Lisi. El artículo es aún más sorprendente por cuanto su autor no pertenece al mundo habitual de la física académica, sino que se dedica la mayor parte del año a la práctica del surf en Hawái.[2] Su Teoría del todo afirma que puede unificar todos los campos del modelo estándar con la gravedad utilizando una red de 248 puntos (red de geometría E8). Aún no se ha sometido a una revisión por pares ni publicada en ninguna revista científica académica; no obstante, ha producido un gran revuelo y reacciones variadas, al tiempo que ha atraído el interés del público por el mismo y por su autor. Lisi advierte que la teoría está incompleta y que "terminará siendo la correcta o bien una especulación errónea."[3] Así pues, a diferencia de la mayoría de las teorías de cuerdas, es verificable en un futuro próximo, cuando el Gran Colisionador de Hadrones comience a estar operativo. El título es una paronomasia matemática sobre la clasificación de la geometría E8, como grupo simple y como grupo excepcional.
TEORÍA DE LAS CUERDAS
La teoría de cuerdas es un modelo fundamental de la física que básicamente afirma que todas las partículas son en realidad expresiones de un objeto básico unidimensional extendido llamado "cuerda" o "filamento".
De acuerdo con esta propuesta, un electrón no es un "punto" sin estructura interna y de dimensión cero, sino una cuerda minúscula que vibra en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones. Un punto no puede hacer nada más que moverse en un espacio tridimensional. De acuerdo con esta teoría, a nivel "microscópico" se percibiría que el electrón no es en realidad un punto, sino una cuerda en forma de lazo. Una cuerda puede hacer algo además de moverse, puede oscilar de diferentes maneras. Si oscila de cierta manera, entonces, macroscópicamente veríamos un electrón; pero si oscila de otra manera, entonces veríamos un fotón, o un quark, o cualquier otra partícula del modelo estándar. Esta teoría, ampliada con otras como la de las supercuerdas o la Teoría M pretenden alejarse de la concepción del punto-partícula.
Sus seguidores consideran que la teoría de cuerdas es la mejor candidata para convertirse en una teoría unificada o Teoría del todo, es decir, una teoría capaz de describir todos los fenómenos ocurridos en la naturaleza debido a las cuatro fuerzas fundamentales: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción nuclear fuerte y débil. Existiendo, también desde el campo de la física, detractores que la consideran pseudociencia por la imposibilidad de falsarla y dado que, pasadas tres décadas desde su postulación, no ha sido posible aportar prueba experimental alguna que la avale.
De acuerdo con esta propuesta, un electrón no es un "punto" sin estructura interna y de dimensión cero, sino una cuerda minúscula que vibra en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones. Un punto no puede hacer nada más que moverse en un espacio tridimensional. De acuerdo con esta teoría, a nivel "microscópico" se percibiría que el electrón no es en realidad un punto, sino una cuerda en forma de lazo. Una cuerda puede hacer algo además de moverse, puede oscilar de diferentes maneras. Si oscila de cierta manera, entonces, macroscópicamente veríamos un electrón; pero si oscila de otra manera, entonces veríamos un fotón, o un quark, o cualquier otra partícula del modelo estándar. Esta teoría, ampliada con otras como la de las supercuerdas o la Teoría M pretenden alejarse de la concepción del punto-partícula.
Sus seguidores consideran que la teoría de cuerdas es la mejor candidata para convertirse en una teoría unificada o Teoría del todo, es decir, una teoría capaz de describir todos los fenómenos ocurridos en la naturaleza debido a las cuatro fuerzas fundamentales: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción nuclear fuerte y débil. Existiendo, también desde el campo de la física, detractores que la consideran pseudociencia por la imposibilidad de falsarla y dado que, pasadas tres décadas desde su postulación, no ha sido posible aportar prueba experimental alguna que la avale.
TEORÍA DEL TODO
Un intelecto que en un cierto momento podría conocer todas las fuerzas que establece la naturaleza en movimiento, y todas las posiciones de todos los temas que esa naturaleza compone, si ese intelecto fuera también tan suficiente para presentar esos datos en un análisis, que pueda unir en una simple fórmula los movimientos de los grandes cuerpos del universo y lo muy pequeño del átomo; para ese tipo de intelecto nada sera incierto y el futuro como el pasado sería el presente para esos ojos
Essai philosophique sur les probabilités. LAPLACE.
Essai philosophique sur les probabilités. LAPLACE.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Pseudociencias en El País Semanal: Rupert Sheldrake y la “mente extendida”
Con algo de retraso voy a comentar un artículo aparecido en la sección de Futuro de El País Semanal este verano, de cuya publicación nos alertó El Escéptico Digital en su número de septiembre. Su título nos anticipa su contenido (“¿Tiene límites la mente?”), las primeras líneas nos hacen temer lo peor (“Adivinamos qué amigo está pensando en nosotros y le llamamos por teléfono. Intuimos que alguien nos mira, giramos la cabeza y ahí está. No es casual. Tampoco nada paranormal.”, la cursiva es mía), y descubrir el objeto del artículo (el último libro del pseudocientífico Rupert Sheldrake) nos despeja cualquier duda. En el artículo se comentan los “experimentos” que Rupert Sheldrake lleva realizando durante varias décadas para “demostrar que nuestra mente tiene un poder muy superior a lo que imaginamos y que fenómenos como la telepatía o la premonición tienen una explicación biológica” (otra vez la cursiva es mía). Como nos dice el artículo, “Sheldrake sostiene que la mente no es sinónimo de cerebro, y que no permanece encerrada dentro de él, sino que "se extiende al mundo que nos rodea, conectándonos con todo lo que vemos".” Esta teoría de la “mente extendida” es una vuelta de tuerca a la propuesta de Sheldrake de los “campos morfogénicos” o “mórficos” que, aunque nunca ha descrito en que consisten, parecen llenar todo el espacio y extenderse en el tiempo con la asombrosa capacidad de “generar” todas las formas animadas e inanimadas del universo, e incluso los comportamientos de todos los seres vivos, mediante un proceso que él denomina “causación formativa” basado en la “resonancia mórfica” que no implica intercambio de materia ni de energía (y yo me preguntó: ¿en qué se diferencia un proceso “creador”que no implique intercambio de materia ni de energía de un proceso “creador” que no existe? ¿Y un "campo mórfico" de un "dragón invisible"?). Esto último no aparece en el artículo de El País sino que lo he entresacado de los diferentes comentarios publicados en la revista Nature sobre algunos de los libros en los que Sheldrake ha plasmado estas teorías. Que Nature dedique espacio en sus páginas a este tipo de teorías podría sorprender, pero es que Sheldrake proviene del mundo científico (es doctor en bioquímica por la Universidad de Cambridge), lo cual hace más llamativo lo acientíficas que son las pruebas y experimentos que propone para demostrar sus teorías: como ejemplo se puede leer un artículo de Skeptical Inquirer sobre el poder de detectar que nos están mirando sin ver al que nos mira (ver NOTA). En cualquier caso, las críticas que han recibido sus libros en la revista Nature van desde “el libro es el mejor candidato para la hoguera que ha habido en muchos años” hasta “la hipótesis de la causación formativa es su contribución a un alegre estado de confusión”. Sólo James E. Lovelock, el creador de la teoría de Gaia, ha sido más benevolente: comentó que las teorías de Sheldrake “son extravagantes, incluso para un inconformista como yo, pero no desagradables cuando se toman con una pizca de sal”.En cualquier caso los comentarios del artículo de El País son bastante más elogiosos que las críticas publicadas en Nature. La autora del artículo, Ángela Boto, ya nos deleitó antes del verano con otro artículo “Un lugar en el cerebro para el sexto sentido” (por cierto que la autora se autocita en el artículo que ahora comento) que fue el tema de un apunte en esta bitácora en el que anticipábamos el potencial de credulidad pseudocientífica de esta periodista (¿estaremos dotados de algún poder mental excepcional?). El planteamiento de Boto, como el del propio Sheldrake, es el siguiente: “Los científicos todavía no han podido determinar sus límites [los de la mente humana]. Ni siquiera el cerebro, el órgano sobre el que se asienta toda la actividad intelectual, creativa y emocional, ha querido revelar completamente sus secretos.” Es decir, que como aún queda mucho por descubrir, o lo que es lo mismo, como hay muchos problemas científicos por resolver, cualquiera con un poco de imaginación puede proponer las teorías más descabelladas para explicar dichos problemas (aunque lo ideal, como en el caso de Sheldrake, es que las teorías propuestas estén sintonía con la mitología popular y así de paso montarse un rentable negocio editorial). No sólo no importa que lo que se proponga carezca de ningún fundamento racional, sino que lo importante es recibir el mayor número posible de críticas desde el mundo científico (el “convencional” como lo denominan, porque Sheldrake se considera un científico: revolucionario, pero científico). En fin, el artículo consiste en una enumeración exhaustiva de los poderes mentales más populares y de las teorías de Sheldrake que supuestamente les dan a estos poderes un fundamento biológico. Como denuncia el comentario de El Escéptico Digital, en todo el artículo no hay ningún rastro de las numerosas críticas que han recibido las teorías de Sheldrake y los experimentos que supuestamente las demuestran. Y además está plagado de mentiras y tergiversaciones. Baste como ejemplo la descripción del experimento que la periodista considera el descubrimiento del sexto sentido: “los participantes en un experimento sobre la percepción visual eran capaces de sentir los cambios en una secuencia de fotografías unos segundos antes de que éstos aparecieran ante sus ojos.” (os remito a nuestro apunte en esta bitácora para aclarar el asunto).Es lamentable que un periodico serio como El País tenga en su nómina a periodistas que no sólo dan alas a creencias y supercherías pseudocientíficas sino que además critican y desprestigian al mundo científico (tan necesitado de apoyos en nuestro país), contribuyendo al empobrecimiento de la cultura científica del ciudadano. Afortunadamente existe esperanza: en el curso académico que acabamos de estrenar la UNED a puesto en marcha un programa de posgrado sobre “Periodismo y Comunicación Científica”, cuyo principal objetivo es formar a profesionales especializados en la comunicación de la ciencia y la tecnología y ayudar al fomento de la cultura científica. Esperemos que tomen buena nota los responsables de la selección de personal de muchos medios de comunicación de este país.LupeNOTA: El artículo de Skeptical Inquirer incluye un enlace a una replica del propio Sheldrake con un curioso comentario de éste ante la afirmación de los autores de que las únicas dos personas que en un experimento dijeron “percibir” que se las estaba mirando eran una mujer que decía estar siendo espiada constantemente y un hombre que manifestaba tener capacidades extrasensoriales: “si el sentido de percibir que alguien nos mira existe, las personas con tendencias paranoicas o que afirman tener capacidades extrasensoriales serían las más sensibles”. El dragón invisible una vez más.Adenda (11/7/2008): El artículo que se cita en el primer comentario se puede encontrar aquí.
HELENA BLAVATSKY

La Doctrina Secreta de Helena Petrovna Blavatsky se basa en el análisis e interpretación de la Estancias del Dzyan que es el libro más antiguo de la humanidad donde se revela el origen del Cosmos, nuestro universo y las Chispas Divinas que somos.
El libro de Las Estancias del Dzyan en esencia no es muy largo, son siete Estancias o cortos capítulos, escritos en un lenguaje simbólico tan condensado, que develarlo y explicarlo necesita cientos de paginas. Incluso Madame Blavatsky en sus explicaciones nos devela a cabalidad los significados de todas las palabras de lo que dicen las estancias. En algunas partes ni siquiera dice algo al respecto de algunos pasajes.
La obra más grande y sabia que existe sobre metafísica es la Doctrina Secreta, todavía no ha habido autor que haga otro escrito dentro de su genero que la supere, ni siquiera que se le aproxime, aunque muchos lo han intentado y unos cuantos osados y orgullosos escritores han dicho que lo que ellos han publicado es semejante a lo develado por Blavatsky.
Las Estancias del Dzyan es un libro sin paginas y sin letras, que cuando uno lo agarra aparece delante de uno como una especie de proyección de una película con determinados símbolos que se explican por si mismos. Blavatsky lo que hizo fue escribir lo que ella iba viendo al tener entre sus manos esta maravillosa obra.
Como la visión de este libro no fue secuencial, como decir que se lee un pagina primero y otra después, sino que todo se ve de un solo momento, al Blavatsky tratar de escribir secuencialmente lo que sin secuencia y de un solo golpe como flash veía, concurre muchas veces en repetir lo mismo en diferente palabras, sobre todo aquello referente e al UNO indivisible y su diversificación en la dualidad trinidad y septuplicidad.
Dice el Maestro Koot Hoomi con respecto a la Doctrina Secreta: "es un epitome de verdades ocultas que será una fuente de información y enseñanza para los estudiantes serios durante largos años por venir." Y así ha sido fue escrita ya hace mas de un siglo y sigue siendo maestra de todos los grandes estudiosos.
La Doctrinas Secreta fue comenzada a escribir por Blavatsky el 23 de Mayo de 1879 y salió publicada por primera vez en Londres en Octubre de 1888 en una edición de 500 ejemplares que se agoto antes de su salida.
En vista del difícil y largo contenido de la Doctrina Secreta, que en castellano son seis tomos de aproximadamente 300 paginas cada uno, cada vez menos personas la leen, hasta el punto que hay grupos espirituales que ni siquiera la conocen de oídas.
Con el advenimiento de la Nueva Era y de la simplificación de las Enseñanzas de los Maestros Ascendidos, millones de personas se han avocado a estos estudios pero cuando se percatan de lo difícil de la Doctrina Secreta, ni se molestan en dirigirle una mirada
Simplificar la Doctrina Secreta, y ponerla al alcance de la comprensión de todo el mundo es un acto osado irreverente y riesgoso de cometer errores, pero se hace con la única finalidad, que aquellos que nunca la han leído, al menos tengan una idea de lo que esta gran obra trata y desea transmitir a la humanidad.
Todo estudiante sincero y consagrado al estudio de la metafísica, en algún momento de su vida tendrá que estudiar la Doctrina Secreta y hacer contacto con la fuente sagrada de todos estos estudios.
Espero sepan perdonar algunos errores de interpretación que tenga de algunos pasajes y la ligereza con que trato a otros, también la falta de términos técnicos en su dilucidación. Lo que pasa es que la idea es que este trabajo lo pueda entender desde un niño de doce años un escolar ama casa. El quiera leer una interpretación perfecta de esta obra, no debe leer este ensayo, debe ir directamente a la misma Doctrina Secreta que Madame Blavatsky explica a cabalidad y sin errores.
PARADOJA EPR
La paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen, denominada «Paradoja EPR», consiste en un experimento mental propuesto por Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen en 1935.
A Einstein (y a muchos otros científicos), la idea del entrelazamiento cuántico le resultaba extremadamente perturbadora. Esta particular característica de la mecánica cuántica permite preparar estados de dos o más partículas en los cuales es imposible obtener información útil sobre el estado total del sistema haciendo sólo mediciones sobre una de las partículas. Por otro lado, en un estado entrelazado, manipulando una de las partículas, se puede modificar el estado total. Es decir, operando sobre una de las partículas se puede modificar el estado de la otra a distancia de manera instantánea. Esto habla de una correlación entre las dos partículas que no tiene contrapartida en el mundo de nuestras experiencias cotidianas.
El experimento planteado por EPR consiste en dos partículas que interactuaron en el pasado y que quedan en un estado entrelazado. Dos observadores reciben cada una de las partículas. Si un observador mide el momento de una de ellas, sabe cuál es el momento de la otra. Si mide la posición, gracias al entrelazamiento cuántico y al principio de incertidumbre, puede saber la posición de la otra partícula de forma instantánea, lo que contradice el sentido común.
La paradoja EPR está en contradicción con la teoría de la relatividad, ya que se transmite información de forma instantánea entre las dos partículas. De acuerdo a EPR, esta teoría predice un fenómeno (el de la acción a distancia instantánea) pero no permite hacer predicciones deterministas sobre él; por lo tanto, la mecánica cuántica es una teoría incompleta.
Esta paradoja (aunque, en realidad, es más una crítica que una paradoja), critica dos conceptos cruciales: la no localidad de la mecánica cuántica (es decir, la posibilidad de acción a distancia) y el problema de la medición. En la Física clásica, medir un sistema, es poner de manifiesto propiedades que se encontraban presentes en el mismo, es decir, que es una operación determinista. En Mecánica cuántica, constituye un error asumir esto último. El sistema va a cambiar de forma incontrolable durante el proceso de medición, y solamente podemos calcular las probabilidades de obtener un resultado u otro.
Hasta el año 1964, este debate perteneció al dominio de la filosofía de la ciencia. En ese momento, John Bell propuso una forma matemática para poder verificar la paradoja EPR. Bell logró deducir unas desigualdades asumiendo que el proceso de medición en Mecánica cuántica obedece a leyes deterministas, y asumiendo también localidad, es decir, teniendo en cuenta las críticas de EPR. Si Einstein tenía razón, las desigualdades de Bell son ciertas y la teoría cuántica es incompleta. Si la teoría cuántica es completa, estas desigualdades serán violadas.
Desde 1976 en adelante, se han llevado a cabo numerosos experimentos y absolutamente todos ellos han arrojado como resultado una violación de las desigualdades de Bell. Esto implica un triunfo para la teoría cuántica, que hasta ahora ha demostrado un grado altísimo de precisión en la descripción del mundo microscópico, incluso a pesar de sus consabidas predicciones reñidas con el sentido común y la experiencia cotidiana.
En la actualidad, se han realizado numerosos experimentos basados en esta paradoja y popularizados en ocasiones bajo el nombre de teletransporte cuántico. Este nombre llama a engaño, ya que el efecto producido no es un teletransporte de partículas al estilo de la ciencia ficción sino la transmisión de información del estado cuántico entre partículas entrelazadas. La comprensión de esta paradoja ha permitido profundizar en la interpretación de algunos de los aspectos menos intuitivos de la mecánica cuántica. Esta área continúa en desarrollo con la planificación y ejecución de nuevos experimentos.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EPR"
A Einstein (y a muchos otros científicos), la idea del entrelazamiento cuántico le resultaba extremadamente perturbadora. Esta particular característica de la mecánica cuántica permite preparar estados de dos o más partículas en los cuales es imposible obtener información útil sobre el estado total del sistema haciendo sólo mediciones sobre una de las partículas. Por otro lado, en un estado entrelazado, manipulando una de las partículas, se puede modificar el estado total. Es decir, operando sobre una de las partículas se puede modificar el estado de la otra a distancia de manera instantánea. Esto habla de una correlación entre las dos partículas que no tiene contrapartida en el mundo de nuestras experiencias cotidianas.
El experimento planteado por EPR consiste en dos partículas que interactuaron en el pasado y que quedan en un estado entrelazado. Dos observadores reciben cada una de las partículas. Si un observador mide el momento de una de ellas, sabe cuál es el momento de la otra. Si mide la posición, gracias al entrelazamiento cuántico y al principio de incertidumbre, puede saber la posición de la otra partícula de forma instantánea, lo que contradice el sentido común.
La paradoja EPR está en contradicción con la teoría de la relatividad, ya que se transmite información de forma instantánea entre las dos partículas. De acuerdo a EPR, esta teoría predice un fenómeno (el de la acción a distancia instantánea) pero no permite hacer predicciones deterministas sobre él; por lo tanto, la mecánica cuántica es una teoría incompleta.
Esta paradoja (aunque, en realidad, es más una crítica que una paradoja), critica dos conceptos cruciales: la no localidad de la mecánica cuántica (es decir, la posibilidad de acción a distancia) y el problema de la medición. En la Física clásica, medir un sistema, es poner de manifiesto propiedades que se encontraban presentes en el mismo, es decir, que es una operación determinista. En Mecánica cuántica, constituye un error asumir esto último. El sistema va a cambiar de forma incontrolable durante el proceso de medición, y solamente podemos calcular las probabilidades de obtener un resultado u otro.
Hasta el año 1964, este debate perteneció al dominio de la filosofía de la ciencia. En ese momento, John Bell propuso una forma matemática para poder verificar la paradoja EPR. Bell logró deducir unas desigualdades asumiendo que el proceso de medición en Mecánica cuántica obedece a leyes deterministas, y asumiendo también localidad, es decir, teniendo en cuenta las críticas de EPR. Si Einstein tenía razón, las desigualdades de Bell son ciertas y la teoría cuántica es incompleta. Si la teoría cuántica es completa, estas desigualdades serán violadas.
Desde 1976 en adelante, se han llevado a cabo numerosos experimentos y absolutamente todos ellos han arrojado como resultado una violación de las desigualdades de Bell. Esto implica un triunfo para la teoría cuántica, que hasta ahora ha demostrado un grado altísimo de precisión en la descripción del mundo microscópico, incluso a pesar de sus consabidas predicciones reñidas con el sentido común y la experiencia cotidiana.
En la actualidad, se han realizado numerosos experimentos basados en esta paradoja y popularizados en ocasiones bajo el nombre de teletransporte cuántico. Este nombre llama a engaño, ya que el efecto producido no es un teletransporte de partículas al estilo de la ciencia ficción sino la transmisión de información del estado cuántico entre partículas entrelazadas. La comprensión de esta paradoja ha permitido profundizar en la interpretación de algunos de los aspectos menos intuitivos de la mecánica cuántica. Esta área continúa en desarrollo con la planificación y ejecución de nuevos experimentos.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EPR"
lunes, 7 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
NUNCA TE DES POR VENCIDO
Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo.
El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.
Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.
Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle.
Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.
El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente.
Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.
El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio, con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.
Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.
Biopsike's Blog
El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.
Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.
Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle.
Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.
El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente.
Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.
El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio, con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.
Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.
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